El tratamiento obligatorio para la adicción a las drogas puede salvar vidas

8 de septiembre de 2025

Artículo de opinión publicado en el New York Times que aborda la controvertida propuesta del alcalde de Nueva York de imponer tratamiento obligatorio a personas con adicciones que representen un riesgo para sí mismas o para otros. Esta medida ha generado un intenso debate entre defensores y detractores.

El autor defiende que el tratamiento obligatorio, si se aplica con rigor y humanidad, puede ser beneficioso tanto para los individuos afectados como para sus comunidades. En muchos casos, la alternativa al tratamiento involuntario no es el tratamiento voluntario, sino la ausencia total de atención.

Se plantea que la adicción deteriora la capacidad de tomar decisiones racionales y autónomas. Por tanto, intervenir obligatoriamente no sería una violación de la autonomía, sino una forma de restaurarla. La idea de que el tratamiento obligatorio socava la libertad individual ignora que la adicción ya ha hecho ese daño.

Además, la adicción no solo afecta al individuo, sino también a su entorno: familias angustiadas, vecinos expuestos a comportamientos agresivos, y comunidades deterioradas por el consumo público de drogas. Por ello, se justifica que la sociedad tenga derecho a exigir cambios, incluso mediante el sistema judicial.

El autor critica a ciertos activistas que defienden el derecho absoluto a consumir drogas, comparándolos con defensores del derecho a portar armas o antivacunas. Esta visión ignora los daños colaterales que el consumo genera en terceros.

Se menciona el caso del noroeste del Pacífico, donde políticas de despenalización y reducción de daños no lograron disminuir las sobredosis y sí provocaron un aumento en delitos violentos y contra la propiedad. Esto debilitó el apoyo público a dichas reformas.

El autor advierte que el tratamiento obligatorio solo será efectivo si se cuenta con recursos suficientes y programas bien diseñados. No basta con obligar: se necesitan tratamientos de calidad, evidencia científica, instalaciones seguras y personal capacitado. También es crucial que jueces y profesionales comprendan la complejidad de la adicción.

Por Alfredo Calcedo 7 de abril de 2026
Este ensayo clínico piloto aleatorizado con 80 participantes investiga si el tratamiento con litio en dosis bajas retrasa el deterioro cognitivo en adultos mayores con deterioro cognitivo leve. Resultados: Entre los resultados cognitivos, la prueba de Aprendizaje Verbal de California-II (CVLT-II) mostró el mayor tamaño del efecto. Las puntuaciones disminuyeron 1,42 puntos por año en el grupo placebo en comparación con 0,73 puntos por año en el grupo de litio (diferencia en la disminución anual, 0,69 puntos por año; p = 0,05), lo que no alcanzó el umbral preespecificado ( p < 0,01). Ni la prueba Breve de Memoria Visoespacial-Revisada (BVMT-R) ni el compuesto cognitivo preclínico de Alzheimer adaptado (PACC) mostraron cambios significativos a lo largo del tiempo en ninguno de los grupos, lo que limita la interpretación de los efectos del tratamiento en estas medidas. La ausencia de disminución puede reflejar una sensibilidad insuficiente de estas medidas para detectar cambios en esta población con deterioro cognitivo leve durante un período de 2 años. En cuanto a los resultados de neuroimagen, tanto el volumen de la sustancia gris cortical como el del hipocampo disminuyeron con el tiempo en ambos grupos de tratamiento. En el caso del volumen del hipocampo, la diferencia en la disminución entre los grupos no alcanzó significación estadística. BVMT-R, PACC, el volumen de la sustancia gris cortical y BDNF no mostraron interacciones significativas entre el tratamiento y el tiempo. En conclusión, aunque el estudio no demostró diferencia significativa entre litio y placebo en la evolución del deterioro cognitivo en adultos mayores, este ensayo clínico piloto aleatorizado demostró la viabilidad del reclutamiento y la retención de participantes, y confirmó la seguridad y la tolerabilidad del litio en dosis bajas en adultos mayores con deterioro cognitivo leve. Generó estimaciones preliminares del tamaño del efecto en medidas cognitivas, de neuroimagen y de biomarcadores plasmáticos para fundamentar futuros ensayos con la potencia estadística adecuada para evaluar sus posibles propiedades neuroprotectoras en el deterioro cognitivo leve (DCL). Comentado en Noticias JAMA .
Por Alfredo Calcedo 7 de abril de 2026
En un artículo reciente publicado en Cell , Li et al. sugieren que los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) actúan sobre el transportador de serotonina en las células T CD8+ potenciando la inmunidad antitumoral. Además de este mecanismo, los ISRS pueden actuar sobre las células malignas, así como sobre otras células inmunitarias, para mejorar la inmunovigilancia del cáncer. Los resultados de este estudio respaldan el papel del transportador de serotonina (SERT) como un punto de control inmunitario que limita la inmunidad antitumoral de las células T CD8. Los autores demostraron que: SERT regula negativamente la respuesta de las células T CD8 a la ligadura del receptor de células T (TCR) al agotar la serotonina intratumoral; Fluoxetina y citalopram, 2 ISRS, suprimen el crecimiento tumoral y estimulan la función efectora de las células T CD8 intratumorales en varios modelos humanos y murinos; Ambos ISRS sinergizan con el bloqueo de la proteína de muerte celular programada 1 (PD-1). Los niveles de expresión intratumoral de SERT están negativamente correlacionados con la supervivencia del paciente en múltiples tipos de cáncer. En general, este estudio apoya la idea de que los ISRS mejoran la inmunidad antitumoral de las células T CD8 al aumentar los niveles intratumorales de serotonina. En este otro artículo se hace una revisión sobre el mismo tema. Dado que la sertralina, el citalopram y la fluoxetina son los antidepresivos más utilizados y seguros, deben considerarse como candidatos idóneos para su reutilización en la investigación oncológica traslacional y clínica.
Por Alfredo Calcedo 7 de abril de 2026
La autora cuenta cómo su comprensión del trastorno bipolar tipo I (TBI) cambió cuando su marido, Smitty, fue diagnosticado de TBI. Lo que antes veía como una enfermedad que desestabilizaba la vida cotidiana comenzó a transformarse al descubrir el impacto del tratamiento, la terapia y el apoyo adecuado. Recuerda las épocas en las que Smitty apenas dormía y parecía simplemente muy productivo, hasta que una crisis psicótica y su primera hospitalización revelaron que algo más profundo sucedía. Con los años y distintos tratamientos, ella fue aprendiendo a acompañarlo como una verdadera compañera de cuidados. Desarrolló su propio método, los “3 Cs” (por sus siglas en inglés: catch it, check it and change it) que consiste en detectar pequeñas señales, revisarlas y actuar junto con su marido y su equipo clínico. Smitty añadió una cuarta: comunicar. Ese equilibrio también le hizo replantearse su papel entre esposa y cuidadora, aprendiendo cuándo intervenir y cuándo dejar espacio. En el proceso, la autora reconoció sus propios síntomas depresivos y comprendió la importancia de cuidarse para poder cuidar. Tener el apoyo de una comunidad, un grupo de apoyo (como en su caso el grupo de Alianza Nacional sobre Enfermedades Mentales (NAMI), y la presencia de un clínico de confianza han sido fundamentales. Con el tiempo, ambos aprendieron que la estabilidad no significa perfección, sino la certeza de que existe ayuda y, sobre todo, esperanza.