El uso de agonistas del receptor GLP 1 no se relaciona con conducta suicida

24 de febrero de 2026

La Agencia del Medicamento de Estados Unidos (FDA) ha retirado recientemente la advertencia que relacionaba el uso de agonistas del receptor GLP‑1 para el tratamiento de la obesidad con un posible incremento del riesgo de conducta suicida.

Novo Nordisk explica que la decisión deriva de un proceso de revisión de dos años, en el que no se identificaron señales que vincularan estos medicamentos con un aumento de ideas o comportamientos suicidas.

Un aspecto especialmente destacado por la compañía es la solidez de la base de datos que respalda la evaluación de semaglutida, apoyada en amplios programas de desarrollo clínico, estudios de práctica real y una experiencia acumulada superior a los 38 millones de pacientes-año. Estos datos, señala, se revisan de forma continua y se comparten con las autoridades competentes siguiendo las normativas vigentes.

Como aspecto positivo, la adhesión a las directrices para la denuncia responsable del suicidio mejoró durante el período de 4 años, especialmente en lo que respecta a las recomendaciones sobre contenido supuestamente útil. Sin embargo, aún hay margen de mejora en cuanto a la inclusión de contenido supuestamente protector, como información sobre búsqueda de ayuda, educación sobre el suicidio y citas de expertos.


Por Alfredo Calcedo 24 de febrero de 2026
Se estima que la fibromialgia (FM) afecta al 2-6 % de la población adulta. El costo promedio anual de la atención médica en Estados Unidos para pacientes con FM es casi tres veces mayor que el de personas de la misma edad y sexo sin la afección (9573 USD frente a 3291 USD). En un período de un año, los pacientes con FM consultan a sus médicos cuatro veces más, visitan el doble de centros ambulatorios y acuden a urgencias cuatro veces más que los pacientes sin la afección. Las pérdidas de productividad asociadas con un diagnóstico de FM superan el 1 % del producto interno bruto, lo que pone de relieve la importancia de asignar recursos a terapias que ofrezcan el mayor beneficio para la salud por dólar. Aunque existe evidencia de la efectividad de la amitriptilina, los estudios farmacoeconómicos que comparan el fármaco con terapias para la FM aprobadas por la FDA tienen un alcance limitado. Para abordar esta brecha de evidencia, los autores comparan la relación costo-efectividad de la amitriptilina con pregabalina, duloxetina y milnaciprán para la FM moderada a grave desde una perspectiva social y de un pagador de atención médica de EE. UU. Mediante el modelo de transición de estados de cohorte de Markov, se estiman los costos a lo largo de la vida y los años de vida ajustados por calidad (AVAC) para cada estrategia farmacológica investigada. Resultados: En este modelo analítico de decisión, la duloxetina 120 mg y la pregabalina 450 mg resultaron más eficaces y menos costosas que la amitriptilina desde una perspectiva social. Otras estrategias evaluadas, como regímenes con dosis más bajas de duloxetina, pregabalina y milnaciprán, se caracterizaron por la amitriptilina. Significado: Estos hallazgos sugieren que mientras que la mayoría de las otras opciones brindaron un valor inferior, la duloxetina 120 mg y la pregabalina 450 mg ofrecieron mayores beneficios para la salud a costos menores que la amitriptilina en la fibromialgia moderada a severa cuando se consideraron los costos sociales.
Por Alfredo Calcedo 24 de febrero de 2026
Durante décadas, el debate sobre los antidepresivos se ha centrado en su eficacia. La evidencia emergente, impulsada en gran parte por testimonios de pacientes, revela que los síndromes de retirada son más frecuentes, complejos y persistentes de lo que durante décadas se reconocía en las guías clínicas . Este giro es especialmente relevante porque los síntomas de abstinencia suelen confundirse con una supuesta recaída de la enfermedad, lo que perpetúa ciclos de tratamiento prolongado basados en interpretaciones erróneas. El aumento sostenido del uso de antidepresivos —caracterizado no solo por más prescripciones, sino por tratamientos de larga duración— ocurrió en paralelo a un cambio conceptual en psiquiatría que transformó la depresión en una condición crónica. Sin embargo, esta narrativa, unida a la débil sustentación de hipótesis como la serotoninérgica, dejó en segundo plano la necesidad de protocolos seguros para suspender la medicación. La discontinuación puede desencadenar un síndrome multisistémico con manifestación de distintos síntomas: Neurológicos: Mareos, vértigo, dolor de cabeza, "zapping cerebral" (sensaciones de descarga eléctrica), tinnitus, parestesia, confusión mental o disfunción cognitiva y acatisia. Sistémicos: síntomas parecidos a los de la gripe, náuseas, escalofríos y malestar gastrointestinal. Psicológicos: Ansiedad de nueva aparición o empeoramiento, irritabilidad, embotamiento emocional, llanto espontáneo, alteración del sueño, fatiga y dificultades de concentración. Si bien algunos síntomas son agudos (duran menos de seis semanas), un subgrupo de pacientes experimenta síntomas persistentes, como ansiedad y depresión graves, que persisten durante meses o incluso años después de la interrupción. Las tasas elevadas de "recaída" observadas en ensayos controlados provienen en gran medida de retiradas abruptas o reducciones rápidas, más que de un retorno genuino del trastorno. En respuesta, comunidades de pacientes desarrollaron métodos de reducción más seguros, por ejemplo la reducción gradual hiperbólica, que implica realizar reducciones de dosis progresivamente menores a medida que disminuye la dosis total. La práctica clínica actual demanda un cambio de paradigma: informar desde el inicio sobre la posibilidad de dependencia física, planificar la retirada, validar la experiencia del paciente y distinguir cuidadosamente entre síntomas de abstinencia e intensificación de la enfermedad. Solo mediante una aproximación prudente, gradual y centrada en el paciente es posible acompañarlo con seguridad en el proceso de dejar los antidepresivos. La misma revista, Psychiatric Times, publica otro artículo, crítico con el anterior. Resalta que aún desconocemos mucho sobre el fenómeno del síndrome de abstinencia aguda (SDA) a los antidepresivos y que la información disponible es limitada y basada en estudios con limitaciones metodológicos importantes. Como siempre, el consentimiento informado como un proceso continuo sigue siendo la piedra angular de la atención médica responsable.
Por Alfredo Calcedo 23 de febrero de 2026
Los trastornos psicóticos y del estado de ánimo, incluyendo la esquizofrenia y el trastorno bipolar, son vistos cada vez más como parte de un continuo del trastorno del espectro de la psicosis (PSD), que comparte características genéticas y neurobiológicas. Para profundizar en esta idea los autores realizaron una revisión sistemática y metaanálisis que examina la anisotropía fraccional y la difusividad media utilizando imágenes del tensor de difusión en PSD. Los resultados mostraron un mismo patrón: la anisotropía fraccional estaba reducida de forma constante en el cuerpo calloso , una estructura fundamental que conecta ambos hemisferios cerebrales. En cambio, la difusividad media tendía a estar aumentada en proyecciones corticoespinales. Cuando se ajustaron los análisis por edad y género, los resultados se hicieron aún más sólidos, lo que sugiere que estas alteraciones no son simplemente consecuencia del avance de la enfermedad, sino parte de su propia biología. Por subgrupos, esquizofrenia y trastorno bipolar mostraron similitudes, pero también matices propios. En conjunto, los hallazgos refuerzan la idea de un modelo transdiagnóstico de la psicosis y apuntan al cuerpo calloso como un posible biomarcador. Aun así, se necesitan estudios longitudinales para aclarar la causalidad y su relevancia clínica. Comentado en Infobase