Por Alfredo Calcedo
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24 de febrero de 2026
Durante décadas, el debate sobre los antidepresivos se ha centrado en su eficacia. La evidencia emergente, impulsada en gran parte por testimonios de pacientes, revela que los síndromes de retirada son más frecuentes, complejos y persistentes de lo que durante décadas se reconocía en las guías clínicas . Este giro es especialmente relevante porque los síntomas de abstinencia suelen confundirse con una supuesta recaída de la enfermedad, lo que perpetúa ciclos de tratamiento prolongado basados en interpretaciones erróneas. El aumento sostenido del uso de antidepresivos —caracterizado no solo por más prescripciones, sino por tratamientos de larga duración— ocurrió en paralelo a un cambio conceptual en psiquiatría que transformó la depresión en una condición crónica. Sin embargo, esta narrativa, unida a la débil sustentación de hipótesis como la serotoninérgica, dejó en segundo plano la necesidad de protocolos seguros para suspender la medicación. La discontinuación puede desencadenar un síndrome multisistémico con manifestación de distintos síntomas: Neurológicos: Mareos, vértigo, dolor de cabeza, "zapping cerebral" (sensaciones de descarga eléctrica), tinnitus, parestesia, confusión mental o disfunción cognitiva y acatisia. Sistémicos: síntomas parecidos a los de la gripe, náuseas, escalofríos y malestar gastrointestinal. Psicológicos: Ansiedad de nueva aparición o empeoramiento, irritabilidad, embotamiento emocional, llanto espontáneo, alteración del sueño, fatiga y dificultades de concentración. Si bien algunos síntomas son agudos (duran menos de seis semanas), un subgrupo de pacientes experimenta síntomas persistentes, como ansiedad y depresión graves, que persisten durante meses o incluso años después de la interrupción. Las tasas elevadas de "recaída" observadas en ensayos controlados provienen en gran medida de retiradas abruptas o reducciones rápidas, más que de un retorno genuino del trastorno. En respuesta, comunidades de pacientes desarrollaron métodos de reducción más seguros, por ejemplo la reducción gradual hiperbólica, que implica realizar reducciones de dosis progresivamente menores a medida que disminuye la dosis total. La práctica clínica actual demanda un cambio de paradigma: informar desde el inicio sobre la posibilidad de dependencia física, planificar la retirada, validar la experiencia del paciente y distinguir cuidadosamente entre síntomas de abstinencia e intensificación de la enfermedad. Solo mediante una aproximación prudente, gradual y centrada en el paciente es posible acompañarlo con seguridad en el proceso de dejar los antidepresivos. La misma revista, Psychiatric Times, publica otro artículo, crítico con el anterior. Resalta que aún desconocemos mucho sobre el fenómeno del síndrome de abstinencia aguda (SDA) a los antidepresivos y que la información disponible es limitada y basada en estudios con limitaciones metodológicos importantes. Como siempre, el consentimiento informado como un proceso continuo sigue siendo la piedra angular de la atención médica responsable.