La medicalización del suicidio

1 de diciembre de 2025

Artículo de opinión de los doctores Segura y Martín Zurro. En su reflexión exploran cómo el impulso a medicalizar comportamientos humanos que podrían no ser patológicos, como el suicidio, puede ser tan problemático como ignorarlos.

Un resumen:

La medicalización suele criticarse por intervenir en procesos considerados naturales, bajo la idea errónea de que lo natural no puede ser perjudicial. Sin embargo, fenómenos como el parto, aunque naturales, pueden implicar riesgos médicos. Además, intervenciones para mejorar rendimiento o funcionalidad, sin ser patológicas, también se practican, aunque ninguna acción sanitaria es completamente inocua: todas conllevan posibles efectos adversos. Por ello, si los beneficios no superan los riesgos, lo prudente es no intervenir, tanto en problemas patológicos como en situaciones no patológicas.

Este dilema se refleja en el suicidio, que no siempre responde a una enfermedad mental. Puede ser una decisión racional ante sufrimiento extremo, enfermedad terminal o circunstancias adversas, sin implicar necesariamente patología psiquiátrica. No obstante, muchos suicidios sí tienen origen psiquiátrico y requieren atención clínica preventiva o terapéutica. Incluso los que no se vinculan a enfermedad son un problema de salud pública, pues la salud no se limita a ausencia de enfermedad.

Aunque el suicidio genera rechazo por considerarse antinatural, algunas decisiones son respetables, lo que plantea límites a la intervención sanitaria. De hecho, la eutanasia y el suicidio asistido están regulados en varios países. En otros casos, el apoyo psicológico puede aliviar el malestar, aunque las causas sociales subyacentes exceden el ámbito asistencial.


Por Alfredo Calcedo 15 de abril de 2026
En 2025, la Línea 024 atendió más de 200.000 consultas, en su mayoría por teléfono, reflejando una necesidad constante de apoyo en salud mental . Detrás de cada llamada hay una historia difícil. La gran mayoría de las personas que contactan lo hacen porque experimentan ideación suicida, a veces persistente. De hecho, cerca del 40% de las llamadas analizadas muestran un riesgo medio-alto, caracterizado por pensamientos frecuentes de suicidio y un intenso malestar emocional. En cuanto a las actuaciones en situaciones de crisis, el informe recoge que un total de 11.947 llamadas (7,4%) y 1.275 chats (3%) fueron derivados a los servicios de emergencia 112 para su atención urgente. Estas derivaciones se produjeron en contextos de especial gravedad, incluyendo tentativas de suicidio, autolesiones no suicidas y otros escenarios de riesgo vital. Aun así, muchas conversaciones se centran en escuchar, acompañar y sostener a la persona en crisis, con intervenciones que pueden prolongarse durante horas. El perfil de quienes llaman es diverso, aunque predominan personas de mediana edad, mientras que los jóvenes recurren más al chat. En conjunto, el servicio muestra una realidad preocupante, pero también la importancia de ofrecer escucha y ayuda inmediata.
Por Alfredo Calcedo 15 de abril de 2026
Hacer luz de gas (“Gaslighting”) no se trata únicamente de mentir, sino de algo más sofisticado: manipulación psicológica para erosionar la confianza de una persona en su propia percepción hasta que la realidad misma se vuelve inestable. El texto abre con una definición clara: Hacer luz de gas consiste en manipular psicológicamente a alguien hasta que dude de sus recuerdos, su juicio y, en última instancia, de su cordura. Pero lejos de quedarse en el ámbito doméstico —donde suele imaginarse— el artículo desplaza el foco hacia escenarios más amplios, especialmente el entorno laboral. Allí, el agresor no solo distorsiona hechos, sino que construye cuidadosamente una narrativa alternativa que otros terminan creyendo. Con el tiempo, esta versión adulterada de la realidad se institucionaliza. El mecanismo es insidioso. No opera mediante confrontaciones abiertas, sino a través de pequeñas negaciones, reinterpretaciones y omisiones que, acumuladas, desestabilizan a la víctima. Mientras tanto, quienes detentan poder —superiores, líderes o estructuras organizativas— pueden verse seducidos por la credibilidad fabricada del manipulador. Así, el hacer luz de gas deja de ser un acto individual y se convierte en un sistema de coerción sostenido. El artículo también subraya que este fenómeno prospera en culturas donde el control y la obediencia reemplazan al pensamiento crítico. En estos entornos, cuestionar la narrativa dominante no solo es difícil, sino peligroso. El silencio, la complicidad y la negación colectiva actúan como fertilizantes de la manipulación. En última instancia, hacer luz de gas no busca simplemente convencer, sino dominar. Es una estrategia de poder que despoja a la víctima de su punto de referencia más básico: la confianza en su propia mente. Y cuando eso se pierde, la dependencia del manipulador ya no es accidental, sino estructural.
Por Alfredo Calcedo 15 de abril de 2026
Este estudio analiza si la demencia que aparece en personas con esquizofrenia grave es un trastorno diferente a otras demencias conocidas . Se estudiaron 155 pacientes con esquizofrenia muy resistente al tratamiento, todos hospitalizados durante largos periodos. Los resultados mostraron que casi todos tenían deterioro cognitivo, y cerca de la mitad presentaba demencia grave. Sin embargo, el tipo de deterioro mental que tenían no coincidía con enfermedades como el Alzheimer, la demencia frontotemporal o la demencia con cuerpos de Lewy. En cambio, era similar al de personas con esquizofrenia que viven en la comunidad, pero más intenso. Además, no se encontraron causas habituales de demencia, como factores genéticos típicos o problemas cardiovasculares. Tampoco se debía a medicación, bajo esfuerzo o discapacidad previa. En conclusión, la demencia parece ser una consecuencia frecuente de la propia esquizofrenia grave, y no un trastorno separado causado por otras enfermedades.