La terapia electroconvulsiva (TEC) tiene altas tasas de respuesta para la agresión y la agitación en la demencia.
La agitación y la agresividad son dos de los síntomas más difíciles de manejar en personas con demencia. No solo alteran la vida del paciente, sino también la de quienes lo cuidan. Frente a tratamientos que muchas veces no funcionan o causan efectos secundarios importantes, algunos médicos han vuelto la mirada hacia una opción poco común: la terapia electroconvulsiva (TEC).
Una revisión sistemática analiza 13 investigaciones con más de 200 pacientes, los resultados muestran que cerca del 80% experimentó una mejora clara en su comportamiento. Lo más sorprendente es la rapidez. En muchos casos, la mejoría aparece tras pocas sesiones, incluso después de las primeras semanas. Esto puede marcar una gran diferencia en situaciones donde la agresividad pone en riesgo al paciente o a su entorno. Además, el tratamiento suele ser bien tolerado. Aunque pueden aparecer efectos como confusión temporal o leves molestias, no se han observado daños cognitivos persistentes en la mayoría de los casos.
Aun así, la ECT no es una solución para todos. Los estudios son pequeños y aún faltan investigaciones más sólidas. Por eso, se considera un recurso de último recurso, reservado para casos graves.
En definitiva, la ECT emerge como una herramienta prometedora: no reemplaza otros tratamientos, pero ofrece esperanza cuando todo lo demás ha fallado.




