Los psicoestimulantes afectan la excitación y la recompensa, no las redes de atención
Se cree que los estimulantes recetados (p. ej., metilfenidato) mejoran la atención, pero la evidencia de estudios previos de fMRI es contradictoria.
Mediante un enfoque multimodal, los autores de este estudio integran neuroimagen funcional en reposo a gran escala y un ensayo farmacológico de imágenes de precisión para mostrar que los efectos primarios de los estimulantes se concentran en redes de activación (arousal) y recompensa, y no en las redes canónicas de la atención.
Los resultados convergen en tres hallazgos centrales. Primero, los estimulantes alteran la conectividad de regiones sensoriomotoras de forma coherente con un incremento del arousal diurno; estas pautas se alinean con la expresión del transportador de noradrenalina, sugiriendo un mecanismo predominantemente noradrenérgico sobre circuitos motores/accionales que sostienen la vigilancia sostenida.
Segundo, se observan cambios en la red de saliencia y en la red parietal de la memoria, sistemas estrechamente ligados a la señal dopaminérgica y al aprendizaje motivado por recompensa, lo que apunta a que los estimulantes elevan el “valor percibido” de las tareas y la persistencia conductual más que la capacidad atencional per se.
Tercero, no se detectan efectos sistemáticos en las redes atencionales canónicas (p. ej., dorsal y ventral) ni en redes de control frontoparietal, contraviniendo postulados previos sobre efectos beneficiosos directos de los psicoestimulanates en las redes de atención.
Un aspecto especialmente novedoso es la interacción con el sueño: tomar estimulantes revierte tanto los patrones de conectividad asociados a la privación de sueño como sus manifestaciones conductuales (calificaciones escolares), aproximando la organización cerebral a un estado “más despierto y recompensado”. Este resultado invita a reevaluar el peso del sueño insuficiente en niños con dificultades atencionales y a considerar intervenciones no farmacológicas como parte del abordaje.
En conjunto, la evidencia sugiere que el desempeño bajo estimulantes mejora porque el individuo está más alerta y motivado, no porque aumente la “capacidad atencional” a través de las redes clásicas de atención.
En términos clínicos, el trabajo orienta hacia una prescripción más matizada: ajustar expectativas terapéuticas, vigilar el sueño y priorizar estrategias que incrementen el valor motivacional de las tareas, especialmente en poblaciones pediátricas.




