Empoderar a los pacientes vs. “No hacer daño” en la era de la IA
El artículo presenta un debate sobre la integración de la inteligencia artificial (IA) en la práctica psiquiátrica contemporánea, contrastando la virtud de la beneficencia y la autonomía del paciente con el principio fundamental de no maleficencia. Los autores exploran si la IA debe ser considerada como un motor de empoderamiento o abordada con cautela debido a sus riesgos clínicos y éticos.
Desde la perspectiva del Dr. Ujval Pathak, la IA se erige como una herramienta de beneficencia sin precedentes. Esta tecnología democratiza el conocimiento médico, transformando al paciente de un receptor pasivo a un colaborador informado en un modelo de decisiones compartidas. Alude a modelos de lenguaje avanzado (como GPT-5) que superan significativamente los exámenes de licenciatura médica, sugiriendo que, bajo supervisión, estas herramientas pueden mitigar el paternalismo tradicional. Además, destaca el potencial de la IA para combatir el agotamiento profesional al automatizar cargas administrativas, permitiendo que el facultativo recupere el contacto humano esencial. Incluso sostiene que la IA puede actuar como un coautor de empatía, citando estudios donde los chatbots fueron percibidos como más empáticos que los humanos, fortaleciendo así la alianza terapéutica.
En contraposición, la Dra. Clara Guo sostiene que el imperativo de "no hacer daño" debe prevalecer ante la inmadurez de los modelos actuales. Guo advierte que las IA generativas predominantes son de propósito general y no han sido diseñadas específicamente para el cuidado de la salud, lo que deriva en sesgos algorítmicos y "alucinaciones" que pueden comprometer la seguridad del paciente. Subraya que la conveniencia de estas herramientas las hace peligrosas para poblaciones vulnerables, citando trágicos precedentes de IA que reforzaron delirios o actuaron de manera negligente en crisis suicidas. Su argumento central es que la ambigüedad inherente a la psiquiatría requiere un juicio humano que la IA, debido a su tendencia a la sobreconfianza artificial, no puede replicar.
En conclusión, el artículo no busca una resolución binaria, sino un equilibrio pragmático. Ambos autores coinciden en que la IA ha alterado ya el comportamiento humano y la estructura de la atención sanitaria. La síntesis del debate sugiere que la psiquiatría no debe adoptar una postura pasiva; por el contrario, requiere un liderazgo clínico activo, educación formal en IA para los profesionales y un sistema de gobernanza riguroso para garantizar que la innovación tecnológica no eclipse la integridad ética y la seguridad del paciente.




