Naltrexona en dosis bajas en la práctica clínica, con especial atención a la COVID persistente.
La naltrexona a bajas dosis (LDN, por sus siglas en inglés) está despertando un interés creciente en la práctica clínica debido a su posible utilidad en enfermedades caracterizadas por dolor crónico, inflamación y alteraciones inmunológicas. Aunque la naltrexona fue desarrollada originalmente para tratar la dependencia a opioides y alcohol, en dosis mucho menores (habitualmente entre 3 y 5 mg diarios) parece ejercer efectos diferentes, relacionados con la modulación del sistema inmunitario y la reducción de procesos neuroinflamatorios.
El artículo destaca especialmente su potencial papel en el COVID persistente o long COVID, una condición compleja en la que los pacientes pueden presentar fatiga intensa, dolor, trastornos del sueño, dificultades cognitivas y otros síntomas prolongados. Diversos estudios preliminares sugieren que la LDN podría mejorar varios de estos síntomas y contribuir a una mejor calidad de vida. Sin embargo, la evidencia disponible procede principalmente de estudios pequeños y observacionales, por lo que todavía son necesarios ensayos clínicos más amplios y rigurosos para confirmar su eficacia.
Los autores también revisan posibles mecanismos de acción, entre ellos la regulación de células inmunitarias, la disminución de citocinas inflamatorias y la normalización de determinadas funciones celulares alteradas en pacientes con COVID persistente. Además, resaltan que la LDN suele ser bien tolerada y presenta un perfil de seguridad favorable.
En conjunto, la revisión concluye que la naltrexona a bajas dosis representa una opción terapéutica prometedora y de bajo coste para diversas enfermedades crónicas, especialmente el COVID persistente, aunque su incorporación definitiva a la práctica clínica dependerá de futuras investigaciones que aporten pruebas más sólidas. (PMC)





