Prisión para una madre por no suministrar los medicamentos necesarios a su hijo enfermo

25 de junio de 2024

La Audiencia de Murcia condena a una madre por el delito de malos tratos en el ámbito familiar, por dejar de suministrar a su hijo de 4 años el medicamento que era necesario cuando el menor estaba con ella.

Por Alfredo Calcedo 12 de febrero de 2026
La revista The American Journal Psychiatry ha publicado varios artículos sobre el próximo DSM. Los cito a continuación y los publicaremos por separado con un pequeño resumen cada uno. El futuro DSM: Estrategia inicial para el futuro de DSM El futuro DSM: el papel de los biomarcadores candidatos y los factores biológicos El futuro DSM: ¿Son el funcionamiento y la calidad de vida elementos esenciales de un diagnóstico psiquiátrico completo? El futuro DSM: una visión estratégica para incorporar determinantes socioeconómicos, culturales y ambientales y la interseccionalidad El futuro DSM: Estrategia inicial para el futuro de DSM El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) adoptó su forma y formato actuales en 1980, cuando se publicó el DSM-III. Posteriormente y periódicamente, la Junta Directiva de la APA encomendó a un grupo de trabajo la elaboración de una edición actualizada. Así, en 1994 se publicó el DSM-IV y en 2013 se publicó el DSM-5. En 2024, la Junta Directiva estableció el Comité Estratégico del Futuro DSM y le encargó desarrollar una hoja de ruta para la siguiente edición del DSM. El comité ha estado trabajando en la hoja de ruta desde mayo de 2024, y este informe ofrece un resumen del progreso hasta la fecha. Los autores parten de una revisión histórica del DSM desde su reformulación con el DSM‑III, subrayando que, aunque el manual ha aportado un lenguaje diagnóstico común y ha favorecido la fiabilidad clínica y la comunicación científica, también ha sido objeto de críticas persistentes que hoy resultan ineludibles. Entre los cuestionamientos centrales se encuentran su carácter ateórico, la organización categorial de los diagnósticos y la primacía otorgada a la fiabilidad sobre la validez. El comité reconoce que la ausencia de marcos etiológicos explícitos respondió a limitaciones históricas del conocimiento, pero señala que el avance de la investigación biológica, psicológica, social y cultural exige reconsiderar esta postura. Asimismo, se destaca que la clasificación categorial no refleja adecuadamente la naturaleza dimensional de muchos síntomas, la heterogeneidad clínica ni la elevada comorbilidad observada en la práctica psiquiátrica. El texto también aborda la dificultad de integrar biomarcadores y procesos neurobiológicos en el DSM, dado que la mayoría aún no son clínicamente aplicables, y advierte sobre el riesgo de una fragmentación entre psiquiatría y otras disciplinas médicas si los trastornos con bases biológicas claras se excluyen del ámbito psiquiátrico. Junto a estas limitaciones, se reconocen sesgos históricos de carácter cultural, racial y socioeconómico, así como la necesidad de ampliar la noción de “experto” incorporando perspectivas diversas y la experiencia vivida de pacientes. Como orientación estratégica, el comité propone preservar las fortalezas del DSM mientras se avanza hacia un modelo más integrador, dimensional y armonizado con otros sistemas nosológicos, como la CIE‑11, e iniciativas de investigación como RDoC y HiTOP. El objetivo final es desarrollar un DSM científicamente más sólido, clínicamente útil, culturalmente inclusivo y capaz de adaptarse de forma continua al progreso del conocimiento psiquiátrico.
Por Alfredo Calcedo 12 de febrero de 2026
El artículo revisa el cambio progresivo en la comprensión neurobiológica de la esquizofrenia, destacando el papel emergente del sistema colinérgico muscarínico como una alternativa conceptual y terapéutica al tradicional enfoque dopaminérgico. Durante décadas, el tratamiento de la esquizofrenia se ha centrado en fármacos antagonistas del receptor D₂ de dopamina, eficaces para los síntomas positivos, pero limitados en su impacto sobre los síntomas negativos y cognitivos, además de asociados a efectos adversos motores y endocrinos. Este marco ha impulsado la búsqueda de mecanismos no dopaminérgicos con mayor especificidad y mejor tolerabilidad. El artículo describe cómo la activación de los receptores muscarínicos M1 y M4 se ha consolidado como un eje central en esta nueva comprensión. Estos receptores, ampliamente distribuidos en circuitos corticales y subcorticales implicados en cognición, emoción y regulación dopaminérgica, permiten modular la neurotransmisión sin interferir directamente con los sistemas motores. El texto detalla la evolución histórica de este modelo, desde observaciones iniciales de alteraciones colinérgicas en la esquizofrenia hasta la formulación de una hipótesis de circuito en la que la estimulación muscarínica central puede reducir la hiperactividad dopaminérgica estriatal responsable de los síntomas psicóticos. Un punto clave del artículo es el desarrollo y validación clínica de KarXT, una combinación de xanomelina —agonista preferente de los receptores M1 y M4— y trospio, un anticolinérgico periférico diseñado para limitar los efectos adversos colinérgicos sistémicos. Los ensayos clínicos revisados muestran que este abordaje logra reducciones significativas de los síntomas de la esquizofrenia con tamaños del efecto clínicamente relevantes, sin inducir trastornos del movimiento, hiperprolactinemia ni deterioro cognitivo, lo que supone una ruptura conceptual con los antipsicóticos clásicos. El artículo subraya que el mecanismo de acción del sistema muscarínico no solo afecta a los síntomas positivos, sino que potencialmente impacta también en los dominios negativo y cognitivo, tradicionalmente refractarios al tratamiento. Esta amplitud terapéutica refuerza la idea de que la esquizofrenia no puede entenderse únicamente como un trastorno dopaminérgico, sino como una alteración de circuitos neuronales más complejos. Más allá de un nuevo fármaco, el artículo propone un cambio de paradigma que redefine la fisiopatología de la esquizofrenia y abre nuevas vías para una psiquiatría más precisa y menos iatrogénica.
Por Alfredo Calcedo 12 de febrero de 2026
Reflexión sobre los daños no intencionados que puede generar la propia actividad sanitaria , incluso cuando se ajusta a guías, protocolos y buenas prácticas. A partir de una escena clínica cotidiana —una revisión rutinaria que deriva en una cascada de pruebas innecesarias—, el texto ilustra cómo el sobrediagnóstico y el sobretratamiento pueden producir iatrogenia no solo clínica, sino también psicológica y social, en forma de ansiedad, incertidumbre y medicalización de la vida cotidiana. La autora amplía el concepto de iatrogenia más allá del error médico o de los efectos adversos inevitables, entendiéndolo como un fenómeno estructural del sistema sanitario contemporáneo. Protocolos rígidos, incentivos centrados en la actividad, presión diagnóstica y una cultura que asocia “más intervención” con “mejor atención” configuran un entorno propicio para el sobreuso. En este contexto emerge la prevención cuaternaria, entendida como una acción deliberada orientada a proteger a las personas de intervenciones médicas innecesarias cuando el daño potencial supera el beneficio esperado. Lejos de promover una medicina pasiva, la prevención cuaternaria se presenta como una práctica activa y reflexiva, centrada en la persona, la comunicación clínica y la toma de decisiones compartida. Su aplicación implica cuestionar cribados indiscriminados, diagnósticos precoces de bajo valor y tratamientos de beneficio marginal, integrando la incertidumbre como parte inherente del acto clínico. La Atención Primaria aparece como el espacio natural para este enfoque, debido a su continuidad asistencial y a su papel clave en la prevención, aunque también como un ámbito especialmente vulnerable a la iatrogenia preventiva. El artículo revisa estudios cualitativos recientes que muestran cómo los profesionales identifican con claridad las intervenciones innecesarias y las tensiones entre guías clínicas y contexto individual. Asimismo, se analizan barreras estructurales para la implementación real de la prevención cuaternaria, como la sobrecarga asistencial, el escaso tiempo por consulta y los indicadores de calidad centrados en cantidad más que en valor. Especial atención se presta a la iatrogenia farmacológica en personas mayores con multimorbilidad y polifarmacia, donde la deprescripción se perfila como una estrategia clave. Finalmente, el texto subraya que medir la calidad asistencial también por aquello que se decide no hacer exige un cambio cultural profundo. Integrar la prevención cuaternaria en políticas sanitarias, formación y evaluación no debilita la medicina, sino que la refuerza como práctica prudente, ética y verdaderamente centrada en las personas, dejando abierta la pregunta de si el sistema sanitario está preparado para asumir este reto.