Avances recientes en el tratamiento farmacológico del autismo
Los Trastornos del Espectro Autista (TEA) son trastornos del neurodesarrollo altamente heterogéneos, definidos por deficiencias en la comunicación social, la interacción recíproca y la presencia de conductas restringidas o repetitivas. Si bien su naturaleza de "espectro" resalta la variabilidad en la gravedad y presentación de los síntomas, el TEA a menudo coexiste con afecciones como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), ansiedad, depresión, epilepsia, trastornos digestivos, metabólicos e inmunitarios. Actualmente, ningún tratamiento farmacológico aborda los déficits centrales del TEA; en cambio, las intervenciones conductuales y educativas siguen siendo fundamentales. Se utilizan medicamentos, incluidos los antipsicóticos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA), como la risperidona y el aripiprazol, para controlar la irritabilidad y la agresión comórbidas, estimulantes y no estimulantes (p. ej., metilfenidato, atomoxetina, clonidina, guanfacina) para tratar síntomas similares al TDAH, y melatonina para los trastornos del sueño. Otros fármacos fuera de indicación, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) para la ansiedad/trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), anticonvulsivos o estabilizadores del ánimo para la desregulación del estado de ánimo, se encuentran en investigación compuestos emergentes como la oxitocina intranasal y la N-acetilcisteína, pero aún no han sido aprobados formalmente. El futuro del tratamiento del TEA depende del desarrollo de herramientas diagnósticas objetivas y de base biológica, que abarcan desde el electroencefalograma y los biomarcadores de neuroimagen hasta los paneles proteómicos y metabolómicos, que podrían permitir una identificación temprana y precisa y guiar estrategias de tratamiento personalizadas.


La SEPSM alerta de un momento crítico en salud mental y presenta sus diez preocupaciones principales


