Clozapina e inyectables de larga duración en la esquizofrenia de inicio temprano resistente al tratamiento

28 de enero de 2026

La esquizofrenia de inicio temprano (EIT) es un trastorno psiquiátrico raro y grave asociado con un deterioro funcional marcado y una trayectoria diagnóstica compleja. La ansiedad comórbida, la desregulación del estado de ánimo y el consumo de sustancias complican aún más el cuadro clínico y contribuyen a una evolución más refractaria. La clozapina es ampliamente reconocida como el tratamiento más eficaz para personas que no responden a la terapia antipsicótica convencional. Sin embargo, su uso en adolescentes sigue siendo limitado a pesar de la sólida evidencia de sus sustanciales beneficios clínicos, dada la naturaleza insidiosa y perniciosa de este trastorno. Si bien los ensayos formales en adolescentes son limitados, los datos observacionales y la práctica clínica sugieren que este enfoque combinado puede ofrecer ventajas significativas para los jóvenes con psicosis persistente.

Esta serie de casos describe a seis adolescentes de entre 15 y 17 años que presentaron síntomas psicóticos graves, agresividad recurrente, tendencias suicidas o deterioro funcional significativo a pesar de múltiples ensayos adecuados con antipsicóticos orales. En cada caso, se inició clozapina, y cuatro pacientes recibieron además un antipsicótico inyectable de larga duración (ILD) tras establecer la tolerabilidad oral. En todos los casos, la clozapina, sola o en combinación con un antipsicótico ILD, se asoció con una mejora sustancial de los síntomas positivos, la regulación conductual y la estabilidad clínica general, lo que permitió la transición a entornos menos restrictivos. 

Estos hallazgos ilustran la posible utilidad de la clozapina y de la clozapina combinada con un antipsicótico ILD en adolescentes con EIT resistente al tratamiento. Resaltan la importancia de considerar la clozapina de forma temprana dentro de un marco terapéutico integral y señalan la necesidad de una investigación prospectiva rigurosa que oriente la práctica clínica.

Por Alfredo Calcedo 28 de enero de 2026
La lamotrigina se utiliza ampliamente en neurología y psiquiatría, en particular en epilepsia y trastornos del estado de ánimo, debido a su favorable perfil de eficacia y seguridad. Sin embargo, se han reconocido cada vez más interacciones farmacocinéticas clínicamente relevantes entre la lamotrigina y los anticonceptivos hormonales, lo que genera inquietudes respecto a la estabilidad terapéutica y la seguridad reproductiva en mujeres en edad reproductiva. Esta revisión narrativa examina las interacciones bidireccionales entre la lamotrigina y los métodos anticonceptivos hormonales . Resultados: La evidencia disponible demuestra consistentemente que los anticonceptivos que contienen estrógenos reducen significativamente las concentraciones plasmáticas de lamotrigina mediante la inducción de la glucuronidación hepática, lo que conduce a una variabilidad interindividual e intraciclo sustancial. Los regímenes anticonceptivos cíclicos contribuyen además a fluctuaciones marcadas en los niveles de lamotrigina, con riesgos potenciales de exposición subterapéutica durante las fases hormonales activas y toxicidad durante los intervalos libres de hormonas. Por el contrario, la lamotrigina parece ejercer efectos mínimos y clínicamente inconsistentes sobre la eficacia anticonceptiva, aunque pueden ocurrir fluctuaciones hormonales y sangrado intermenstrual. Los métodos anticonceptivos de solo progestina y no hormonales muestran perfiles farmacocinéticos más favorables y se asocian con una mayor estabilidad terapéutica. Comprender estas interacciones es esencial para evitar la interpretación errónea de la recurrencia de los síntomas, prevenir efectos adversos y respaldar el asesoramiento anticonceptivo informado. Se recomienda un enfoque individualizado y multidisciplinario para optimizar tanto el tratamiento psicofarmacológico como la atención reproductiva.
Por Alfredo Calcedo 28 de enero de 2026
Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) se utilizan comúnmente como antidepresivos de primera línea, pero los eventos adversos (EA) siguen siendo un motivo frecuente de interrupción del tratamiento. Comprender cuándo se producen estos EA puede ayudar a mejorar la atención al paciente y la adherencia al tratamiento. Este estudio tiene como objetivo explorar el momento de aparición de los EA asociados con seis ISRS de uso común : sertralina, fluoxetina, fluvoxamina, paroxetina, citalopram y escitalopram utilizando datos de farmacovigilancia global, con un enfoque en los perfiles de aparición temprana versus tardía. Resultados: Los ISRS muestran patrones temporales distintivos de EA. Los EA de inicio temprano fueron predominantemente gastrointestinales, neurológicos, anticolinérgicos o relacionados con la activación, mientras que los EA de inicio tardío fueron principalmente de naturaleza metabólica o endocrina . Los síntomas de inicio temprano requieren un manejo oportuno para mejorar la tolerabilidad, mientras que los efectos de inicio tardío resaltan la necesidad de un monitoreo continuo. Estos hallazgos pueden fundamentar estrategias de monitoreo personalizadas y orientar el asesoramiento al paciente para promover un uso más seguro de los ISRS a largo plazo.
Por Alfredo Calcedo 27 de enero de 2026
Los Trastornos del Espectro Autista (TEA) son trastornos del neurodesarrollo altamente heterogéneos, definidos por deficiencias en la comunicación social, la interacción recíproca y la presencia de conductas restringidas o repetitivas. Si bien su naturaleza de "espectro" resalta la variabilidad en la gravedad y presentación de los síntomas, el TEA a menudo coexiste con afecciones como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), ansiedad, depresión, epilepsia, trastornos digestivos, metabólicos e inmunitarios. Actualmente, ningún tratamiento farmacológico aborda los déficits centrales del TEA; en cambio, las intervenciones conductuales y educativas siguen siendo fundamentales . Se utilizan medicamentos, incluidos los antipsicóticos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA), como la risperidona y el aripiprazol, para controlar la irritabilidad y la agresión comórbidas, estimulantes y no estimulantes (p. ej., metilfenidato, atomoxetina, clonidina, guanfacina) para tratar síntomas similares al TDAH, y melatonina para los trastornos del sueño. Otros fármacos fuera de indicación, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) para la ansiedad/trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), anticonvulsivos o estabilizadores del ánimo para la desregulación del estado de ánimo, se encuentran en investigación compuestos emergentes como la oxitocina intranasal y la N-acetilcisteína, pero aún no han sido aprobados formalmente. El futuro del tratamiento del TEA depende del desarrollo de herramientas diagnósticas objetivas y de base biológica, que abarcan desde el electroencefalograma y los biomarcadores de neuroimagen hasta los paneles proteómicos y metabolómicos, que podrían permitir una identificación temprana y precisa y guiar estrategias de tratamiento personalizadas.