Consecuencias de copiar en el examen MIR

22 de enero de 2026

A partir de una reciente doctrina del Tribunal Supremo, el texto expone cómo determinadas prácticas tradicionalmente reprobables en el ámbito educativo no siempre alcanzan relevancia penal, pese a su evidente reproche ético y administrativo. El Alto Tribunal considera que un examen universitario no puede calificarse como “documento oficial” a efectos penales, ya que carece de los requisitos formales exigidos por la jurisprudencia. Además, subraya que la conducta enjuiciada no produjo un perjuicio real a terceros ni alcanzó una gravedad suficiente como para justificar la sanción penal, optándose así por la interpretación más favorable para la autora de los hechos.

A partir de este precedente, el artículo traslada el razonamiento al examen MIR y a otros procesos selectivos similares (EIR, PIR, etc.). Según la interpretación del abogado consultado, es altamente probable que el Tribunal Supremo aplicase un criterio análogo en caso de fraude durante estas pruebas MIR, pese a su integración en un procedimiento administrativo. La clave radicaría, de nuevo, en la consideración de que el examen no constituye un documento oficial penalmente relevante y en la inexistencia de un daño directo a terceros, lo que alejaría la tipificación del delito de falsedad documental.

Las consecuencias de copiar en el MIR existirían, pero quedarían circunscritas al plano administrativo: expulsión inmediata del proceso selectivo, posible anulación de la convocatoria y, en casos graves, inhabilitación para futuras pruebas. Desde esta perspectiva, una condena penal supondría un castigo desproporcionado y redundante, al añadirse a sanciones administrativas ya severas.

Finalmente, el artículo matiza que existen conductas que sí podrían tener relevancia penal, como la suplantación de identidad o el robo del examen, por implicar un nivel de lesividad y fraude cualitativamente distinto.

Por Alfredo Calcedo 22 de enero de 2026
La lactancia materna se asocia con múltiples beneficios para la salud física tanto de la madre como del bebé. Entre los beneficios para el bebé se incluyen la reducción de infecciones y el síndrome de muerte súbita del lactante durante el primer año de vida, así como un menor riesgo de obesidad y enfermedades crónicas en etapas posteriores de la vida, en comparación con los bebés alimentados con fórmula En cuanto a la salud mental materna, se acepta que existe una relación entre la lactancia materna y los trastornos del estado de ánimo, en particular la depresión posparto. Dos revisiones sistemáticas y metaanálisis recientes han confirmado una asociación entre la lactancia materna y la reducción de la depresión posparto, con un efecto más pronunciado en las madres que amamantan exclusivamente. Si bien la lactancia materna se asocia con una menor depresión y ansiedad posparto, la investigación sobre los resultados a largo plazo en la salud mental materna es limitada. Este estudio de cohorte longitudinal prospectivo de 10 años, realizado mediante cuestionarios autoadministrados, examinó la asociación entre la lactancia materna y la depresión y la ansiedad en mujeres en edad reproductiva avanzada (entre los 35 y los 40 años y la menopausia) La conclusión del estudio sugiere que lactancia materna puede estar asociada con una reducción del diagnóstico de depresión y ansiedad materna durante los 10 años posteriores. Esta asociación, no reportada previamente en este grupo de edad, refuerza la recomendación de que la lactancia materna es el método óptimo de alimentación infantil, tanto para la madre como para el bebé. Se requieren más estudios para explorar los posibles beneficios para las mujeres embarazadas con antecedentes de ansiedad y depresión.
Por Alfredo Calcedo 22 de enero de 2026
El artículo hace una revisión sistemática de la evidencia disponible sobre la relación entre el uso de inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y la suicidabilidad en niños y adolescentes con trastorno depresivo mayor (TDM), en el contexto posterior a la advertencia de “caja negra” emitida por la FDA en 2004. Dicha advertencia supuso un punto de inflexión en la prescripción de antidepresivos en población pediátrica, al alertar sobre un posible incremento del riesgo de ideación y conducta suicida en menores de 18 años tratados con estos fármacos. El objetivo principal fue evaluar si la evidencia posterior a la advertencia de la FDA apoya una asociación causal entre el tratamiento con ISRS y el aumento de la suicidabilidad en población infantil y adolescente. Los resultados muestran un patrón complejo y no uniforme. Los estudios observacionales identificaron un aumento pequeño pero cuantificable del riesgo de suicidabilidad asociado al uso de ISRS, especialmente durante las fases iniciales del tratamiento. Este hallazgo subraya la importancia de una vigilancia clínica estrecha en las primeras semanas tras el inicio del fármaco. Por su parte, los ensayos clínicos aleatorizados ofrecieron resultados mixtos: dos estudios señalaron un mayor riesgo de suicidabilidad emergente con la monoterapia farmacológica frente a la terapia cognitivo-conductual (TCC) o al tratamiento combinado, mientras que otros dos ensayos no encontraron una asociación estadísticamente significativa entre los ISRS y la conducta suicida. Un hallazgo transversal del conjunto de estudios es que la combinación de ISRS con psicoterapia, particularmente la TCC, se asocia a mejores resultados clínicos y a menores tasas de suicidabilidad que la monoterapia. Esto sugiere que el abordaje multimodal puede mitigar parte de los riesgos identificados. En conjunto, el artículo concluye que el tratamiento con ISRS en niños y adolescentes con TDM se asocia a un aumento leve pero relevante del riesgo de suicidabilidad, especialmente al inicio del tratamiento, lo que refuerza la necesidad de una evaluación cuidadosa del riesgo-beneficio, un seguimiento clínico estrecho y la integración sistemática de intervenciones psicoterapéuticas.
Por Alfredo Calcedo 21 de enero de 2026
Artículo en el diario El Mundo que aborda el duelo de los supervivientes de víctimas de suicidio . Entrevista a Carlos Soto que perdió a su hija Ariadna en 2015 cuando esta tenía 18 años y ahora dirige grupos de autoayuda con supervivientes del suicidio y a Mercedes Navío, médico psiquiatra y responsable de la Oficina de Salud Mental de Madrid. Hablan del estigma, de la prevención y de la esperanza. "La culpa no se nos va a quitar nunca".