Por Alfredo Calcedo
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12 de enero de 2026
La depresión materna no tratada conlleva riesgos claros para el embarazo y el desarrollo fetal; por otro, los antidepresivos atraviesan la placenta y, potencialmente, pueden modificar procesos neurobiológicos en el cerebro en formación. El artículo examina la evidencia contemporánea sobre cómo la exposición prenatal a antidepresivos podría influir en la aparición de trastornos del neurodesarrollo (NDD, por sus siglas en inglés) en la descendencia. El autor revisa dos metaanálisis recientes y tres estudios observacionales posteriores, con particular atención a los trastornos más investigados: el trastorno del espectro autista (TEA) y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). En los análisis no ajustados —que reflejan mejor el riesgo “real” en poblaciones generales— la exposición gestacional a antidepresivos aparece asociada a un aumento de hasta el doble en la probabilidad de TEA y TDAH. Sin embargo, cuando los modelos estadísticos se ajustan para comprender relaciones causales y controlar factores de confusión relevantes, estas asociaciones se atenúan significativamente e incluso pueden perder significado estadístico. El artículo enfatiza que gran parte del aparente riesgo podría explicarse por confusión por indicación: es decir, por la propia presencia de trastornos psiquiátricos maternos que motivan la prescripción del antidepresivo. Cuando se comparan embarazos expuestos y no expuestos dentro de mujeres con las mismas condiciones psiquiátricas, el riesgo desaparece o se reduce notablemente. Otros hallazgos que refuerzan la hipótesis de confusión incluyen asociaciones entre antidepresivos y NDD incluso cuando la exposición ocurre fuera del embarazo, o cuando el progenitor expuesto es el padre, lo cual apunta hacia la influencia de factores genéticos, ambientales o familiares más que a un efecto directo del fármaco. Asimismo, los estudios con pares de hermanos discordantes muestran que la probabilidad de desarrollar un NDD se relaciona más con la presencia de un hermano afectado que con la exposición intrauterina a antidepresivos. Este patrón refuerza la idea de que los factores hereditarios y ambientales compartidos pesan más que el tratamiento farmacológico. En conjunto, el artículo concluye que, aunque no puede descartarse por completo un posible impacto biológico de los antidepresivos sobre el neurodesarrollo, la mayor parte de la evidencia sugiere que los riesgos observados derivan principalmente de factores familiares y de la depresión materna misma. Por ello, se recomienda un proceso de toma de decisiones compartida, equilibrando los riesgos de la enfermedad no tratada frente a los potenciales riesgos —mucho menores de lo que sugieren los análisis no ajustados— de la farmacoterapia durante la gestación.