¿Los GLP-1 pueden reescribir los mapas del placer?

28 de noviembre de 2025

Los agonistas del receptor GLP-1, diseñados para mejorar el control glucémico y reducir peso, están mostrando efectos relevantes sobre la salud sexual masculina y femenina. En hombres con obesidad o diabetes, diversos estudios señalan que estos fármacos incrementan la testosterona total y las gonadotropinas (LH y FSH), además de reducir peso y HbA1c. Este reequilibrio hormonal se traduce en mejoras en la función eréctil y el deseo sexual, especialmente en casos de hipogonadismo funcional. Incluso frente a otros tratamientos antidiabéticos, los GLP-1 destacan por elevar más las gonadotropinas y la globulina transportadora de hormonas sexuales (SHBG), traduciéndose en un mayor deseo sexual, mejor función eréctil y espermatogénesis. 

En pacientes con diabetes tipo 2 y disfunción eréctil, la combinación de metformina con liraglutida o dulaglutida mostró resultados superiores a la monoterapia, reflejados en puntuaciones más altas en el índice internacional de función eréctil. Sin embargo, la respuesta no es uniforme: algunos hombres experimentan beneficios claros, mientras que otros presentan efectos neutros o incluso negativos, lo que obliga a un enfoque individualizado. 

En mujeres, el panorama es más incierto. Aunque la investigación es escasa, empiezan a documentarse casos de anorgasmia y disminución del deseo sexual tras iniciar tratamiento con agonistas GLP-1 o combinados con GIP. Los mecanismos propuestos incluyen alteraciones neurohormonales y vasculares, así como la modulación de circuitos dopaminérgicos relacionados con el placer y la recompensa. Curiosamente, algunas pacientes describen la pérdida de apetito sexual como paralela a la supresión del hambre, lo que sugiere una conexión funcional entre ambos impulsos. No obstante, otras mujeres reportan mejoras en deseo y autoestima tras perder peso, lo que confirma la variabilidad individual. 

Pese a su impacto mediático, los expertos advierten que estos resultados deben interpretarse con cautela: la encuesta es auto-reportada, no distingue entre usos clínicos y estéticos, y refleja percepciones más que mecanismos fisiológicos reales. En otras palabras: refleja cómo las personas “viven” su experiencia con los GLP-1, no lo que el fármaco hace realmente en el cuerpo. 

Por Alfredo Calcedo 10 de julio de 2026
El artículo plantea que, pese a los avances diagnósticos introducidos por la CIE-11 y el DSM-5, el trastorno de personalidad sigue siendo difícil de manejar porque carece de una teoría general que oriente de forma clara la evaluación y el tratamiento. El autor de este artículo propone que la teoría interpersonal puede cumplir esa función, al situar el núcleo del trastorno no solo en los rasgos internos, sino en la forma rígida, extrema y disfuncional en que una persona se relaciona con los demás. La teoría interpersonal se basa en cómo los humanos (y otras formas animales) afrontan el reto de relacionarse entre sí, buscando un equilibrio entre (a) la afiliación y (b) la dominancia (es decir, el deseo de relacionarse con los demás, pero también de controlarlos). Esto genera una representación dimensional de la personalidad organizada en torno a estos dos ejes principales, con los extremos (los polos) del eje de «afiliación» representados por «frío (hostil)» frente a «cálido (amistoso)» y los del eje de «dominancia» por «dominante» frente a «sumiso» en un diagrama circular. Las combinaciones de estas dos dimensiones pueden agruparse para producir variantes mixtas. En el centro del modelo se situaría la flexibilidad interpersonal; en los extremos, los estilos rígidos y repetitivos que caracterizan muchos trastornos de personalidad. El autor sugiere que la teoría interpersonal podría ser una buena opción, permitiendo a los profesionales abordar este trastorno con mayor eficacia. El objetivo de este artículo es ofrecer una breve introducción a esta teoría con la esperanza de que anime a los profesionales a explorar sus implicaciones con mayor profundidad.
Por Alfredo Calcedo 10 de julio de 2026
Los autores revisan el lugar que ocupan los test de validez en el diagnóstico psiquiátrico y cuestionan varias ideas erróneas que limitan su uso clínico. Aunque estos instrumentos se han asociado tradicionalmente al ámbito forense, no deberían entenderse solo como herramientas para detectar simulación o engaño. Su utilidad principal es valorar si el paciente puede describir sus síntomas, quejas y limitaciones de forma razonablemente precisa, importante para formular un diagnóstico y planificar el tratamiento. ( Cambridge University Press & Assessmen t ) Es importante destacar que, en la práctica clínica, al interpretar las pruebas de validez, la terminología neutral, como «sobreestimación» y «bajo rendimiento», suele ser preferible —y más fácil de fundamentar— a términos como «simulación» y «engaño», que pueden evocar juicios morales y crear una barrera innecesaria para el uso de estas valiosas herramientas clínicas.
Por Alfredo Calcedo 10 de julio de 2026
Las enfermedades mentales posteriores a un infarto agudo de miocardio (IAM) son una preocupación creciente, ya que se asocian con peores resultados para los pacientes con IAM. Esta revisión sistemática y metaanálisis analiza la prevalencia y los factores de riesgo de depresión, ansiedad y TEPT después de un IAM, incluyendo solo estudios con diagnósticos formales de enfermedad mental (siguiendo criterios DSM). Resultados : La prevalencia combinada de depresión después de un IAM fue de 23,58%. Cuando se estratificó por tiempo desde un IAM, la prevalencia fue de 19,46% para aquellos evaluados dentro de los 3 meses y de 14,87% para aquellos evaluados después de 3 meses. La prevalencia combinada de ansiedad y TEPT fue del 11,96 % y del 10,26 %, respectivamente. Un análisis de subgrupos de prevalencia combinada adicional de depresión y ansiedad reveló tasas significativamente más altas en el sexo femenino (29,89%), en aquellos con hipertensión (25,01%), diabetes (25,01%) o hiperlipidemia (28,96%), y en fumadores (25,23%). Los resultados de la metarregresión indicaron que los antecedentes de depresión fueron un predictor significativo de la prevalencia de la depresión. Conclusiones: La prevalencia de enfermedades mentales, como la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático (TEPT), es notable tras un infarto agudo de miocardio (IAM). Entre los factores de riesgo identificados se encuentran el sexo femenino, la hipertensión, la diabetes mellitus, la hiperlipidemia, el tabaquismo, los antecedentes de depresión y el contexto social. Comentario sobre depresión e IAM en mujeres en Redacción Médica