Genética distinta para la depresión de inicio temprano y de inicio tardío.

27 de noviembre de 2025

La depresión mayor es un trastorno muy común, pero también muy diverso, lo que dificulta entender sus causas. Este estudio se centró en una idea clave: la edad en que aparece la depresión puede revelar diferencias importantes en su origen genético. Para investigarlo, los científicos analizaron datos de biobancos nórdicos, que incluyen información genética y médica de miles de personas.

Compararon dos grupos: quienes desarrollaron depresión antes (inicio temprano, eoMDD) y quienes la desarrollaron más tarde (inicio tardío, loMDD). Encontraron que el grupo de inicio temprano tiene más señales genéticas específicas: 12 regiones del genoma asociadas, frente a solo 2 en el grupo tardío. Aunque ambos tipos comparten cierta base genética, no son iguales. De hecho, la depresión temprana parece estar más relacionada con genes que influyen en el desarrollo del cerebro.

Un hallazgo muy relevante es que las puntuaciones de riesgo genético (PRS) para la depresión temprana pueden predecir la probabilidad de intento de suicidio en los 10 años posteriores al diagnóstico. Las personas con mayor riesgo genético tenían un 26% de probabilidad, frente al 12% en las de menor riesgo. Esto significa que la genética podría ayudar a identificar a quienes necesitan más apoyo y prevención.

En resumen, la edad de inicio no solo es un dato clínico: también refleja diferencias biológicas importantes. Estos resultados abren la puerta a una psiquiatría más personalizada, donde el tratamiento y la prevención se adapten al perfil genético de cada paciente.

Comentado en News from Karolinska Institutet

Por Alfredo Calcedo 26 de mayo de 2026
El artículo reflexiona sobre el sufrimiento silencioso que viven muchos profesionales sanitarios tras cometer un error asistencial. A partir del testimonio del neurocirujano Henry Marsh, el autor describe cómo la culpa, la soledad y el miedo al juicio acompañan a médicos y enfermeros después de un evento adverso. Este fenómeno recibe el nombre de “segundas víctimas”, un concepto desarrollado por Albert Wu para explicar que el daño no solo afecta al paciente, sino también al profesional implicado. El texto señala que durante años la sanidad ha mantenido una cultura de perfección donde el error se vive como un fracaso personal. Eso favorece el aislamiento, la medicina defensiva y el silencio dentro de las organizaciones. Además, muchos profesionales desarrollan ansiedad, insomnio o pérdida de confianza en sí mismos. El autor defiende que apoyar emocionalmente a estos trabajadores no significa minimizar el daño causado al paciente, sino mejorar la seguridad clínica. Por ello, destaca la importancia de crear programas institucionales de apoyo y fomentar una cultura más humana y justa dentro de los hospitales. ( redaccionmedica.com )
Por Alfredo Calcedo 26 de mayo de 2026
El artículo reflexiona sobre el creciente poder de las grandes revistas médicas internacionales, como The BMJ, The Lancet y The New England Journal of Medicine, dentro de la medicina actual. Según el autor, estas publicaciones han dejado de limitarse a interpretar la evidencia científica para convertirse en actores que intentan influir directamente en las prioridades sanitarias, las políticas públicas e incluso los valores de la profesión médica. El texto explica que cada revista ejerce ese poder de forma distinta: unas adoptan un papel más crítico y político, otras buscan liderar debates globales sobre desigualdad, clima o vacunas, y otras orientan la práctica clínica validando determinadas innovaciones. Sin embargo, el autor advierte de que esta influencia puede desplazar el papel de las organizaciones profesionales y deontológicas. Por ello, defiende que la ética médica y la dirección de la profesión no deben depender únicamente de editoriales científicos, sino también de instituciones representativas de los médicos, capaces de garantizar legitimidad, responsabilidad y valores compartidos. ( redaccionmedica.com )
Por Alfredo Calcedo 26 de mayo de 2026
El artículo analiza el creciente uso de la ketamina como tratamiento para la depresión, especialmente en casos resistentes a los antidepresivos tradicionales, y plantea si su expansión clínica está ocurriendo más rápido que la solidez de la evidencia científica disponible. Se recuerda que la ketamina ha sido presentada como una opción revolucionaria por su rapidez de acción, ya que algunos pacientes mejoran en pocas horas o días, algo poco habitual en psiquiatría. Sin embargo, varios expertos advierten que muchos estudios son pequeños, de corta duración y con limitaciones metodológicas. El texto explica que aún existen dudas importantes sobre cuánto duran realmente los beneficios, qué pacientes responden mejor y cuáles pueden ser los riesgos a largo plazo. También preocupa el posible desarrollo de tolerancia, dependencia o problemas cognitivos con tratamientos repetidos. Algunos investigadores consideran que el entusiasmo comercial y mediático ha adelantado a la prudencia científica, favoreciendo la apertura rápida de clínicas privadas y el uso extendido del tratamiento antes de disponer de datos más robustos. Aun así, otros especialistas defienden que la ketamina representa una oportunidad valiosa para pacientes con depresión grave y riesgo suicida, especialmente cuando otras terapias han fracasado. El artículo concluye que probablemente la ketamina tenga un papel importante en psiquiatría, pero insiste en la necesidad de más estudios rigurosos y seguimiento prolongado antes de considerarla una solución plenamente consolidada. ( Medscape )