El equipo antisuicidios de la Policía Nacional

26 de noviembre de 2025

Artículo publicado en el Diario El Mundo sobre la brigada de la Policía Nacional, pionera en el mundo y liderada por los inspectores Virginia García y Óscar Amor. Su objetivo es rastrear en Internet mensajes de usuarios con ideas o intenciones suicidas, mediante la detección en redes como TikTok, Instagram, foros de videojuegos, grupos de WhatsApp o Telegram. Una vez recibida una alerta, el equipo actúa con rapidez para localizar IPs, teléfonos o domicilios, intentando contactar y ofrecer ayuda antes de que se materialice la conducta autodestructiva.

Durante 2024 en España hubo 3.846 suicidios —una tasa de 10,5 casos al día, con un 73,9 % de hombres—, según datos provisionales del INE. Aunque la cifra mejoró un 6,6 % respecto a 2023, sigue siendo alarmante. Se estima que 377 muertes han sido evitadas gracias a esta brigada. Solo en dos ocasiones no llegaron a tiempo, uno de ellos porque la víctima había programado su despedida con antelación.

El artículo recuerda que el suicidio no obedece a una única causa, sino a una combinación de factores psicológicos, familiares, sociales, económicos o culturales, y subraya que la mayoría de las muertes por suicidio son prevenibles. La Policía enfatiza que cualquier canal de alerta —desde un directo en redes hasta mensajes grupales— es atendido inmediatamente, circunstancia en la que la velocidad de reacción resulta clave.

Los inspectores destacan que, aunque existen casos extremadamente difíciles, el objetivo principal es contactar y ofrecer ayuda emocional o profesional a tiempo. El artículo incluye recomendaciones para quienes sufran ideación suicida o conozcan a alguien en esa situación: llamar al 024 (teléfono de atención emocional) o al 112 en caso de urgencia.

Según relata el reportaje, la Policía Nacional desarrolló un protocolo especializado para esta brigada, dividida en dos equipos operativos en red, cuya labor en redes sociales y foros ha permitido evitar centenares de muertes desde 2018, reforzando así la idea de que detrás de cada caso hay una persona vulnerable a la que se le puede tender la mano antes de que sea demasiado tarde.

Por Alfredo Calcedo 10 de abril de 2026
Estimados compañeros/as, os recordamos de nuevo el próximo Congreso Nacional de la SEPL que se celebrará en Vitoria, los días 14-16 de mayo de 2026.  Se ha ampliado el plazo para a enviar posters al congreso hasta el próximo dia 15 de abril. En esta dirección podéis encontrar la normativa para el envío de Posters: https://psiquiatrialegal2026.com/envio-de-poster/ El enlace de contacto con la Web del congreso Vitoria 2026 es: https://psiquiatrialegal2026.com/ ¡Todavía estás a tiempo para enviar posters al congreso antes que finalice el plazo de envío¡ El Congreso está ya “a la vuelta de la esquina”, no os olvidéis en apuntaros al congreso ¡Nos vemos en Vitoria!
Por Alfredo Calcedo 10 de abril de 2026
Las mujeres embarazadas con esquizofrenia persistente y trastornos relacionados pueden requerir tratamiento antipsicótico continuo, incluida la clozapina. Sin embargo, los riesgos potenciales del uso de clozapina durante el embarazo y el período posnatal siguen siendo inciertos. Este estudio de casos y controles anidado evaluó los resultados del embarazo en mujeres australianas diagnosticadas de esquizofrenia y tratadas con clozapina (n = 14) durante el primer trimestre . Estas mujeres se compararon con dos subgrupos: las tratadas con quetiapina (n= 53) y las que no tomaron ningún medicamento (n= 24) durante el embarazo. Resultados: Abordando las limitaciones de estudios previos, este estudio representa un esfuerzo en este sentido y ofrece algunas perspectivas informativas, aunque tentativas, que son coherentes con estudios anteriores. En comparación con la ausencia de medicación y la quetiapina, la clozapina podría asociarse con un mayor riesgo de ciertos resultados adversos tanto para la madre como para el bebé, incluyendo abortos espontáneos, diabetes gestacional y bajo peso al nacer. Los resultados neonatales, incluyendo la edad gestacional al nacer, la puntuación de Apgar y el ingreso a la UCE/UCIN (Unidad de Cuidados Especiales Neonatales o Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, respectivamente), no mostraron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos.
Por Alfredo Calcedo 10 de abril de 2026
Artículo de opinión que analiza como los profesionales distinguen el duelo de la depresión; cuándo la tristeza deja de ser una respuesta natural ante la pérdida, para convertirse en un trastorno psiquiátrico El artículo recorre la evolución de las clasificaciones diagnósticas y muestra cómo el duelo ha pasado progresivamente de ser entendido como una experiencia universal a ser, en ciertos casos, objeto de medicalización. La evolución del DSM eliminó la exclusión por duelo en 2013, introdujo el trastorno de duelo prolongado en el DSM-5-TR con umbral de adulto de > 12 meses, y contrasta con la definición de ≥6 meses de la CIE-11. Esta delimitación no es neutral: implica decidir cuánto sufrimiento es aceptable antes de ser etiquetado como enfermedad. Se señala la dificultad de trazar una frontera clara entre duelo y depresión. Aunque comparten síntomas, el duelo conserva rasgos diferenciales: una tristeza intermitente ligada al recuerdo del fallecido, la preservación de la autoestima y la capacidad de experimentar emociones positivas. En contraste, la depresión se presenta como un estado generalizado de ánimo bajo, inutilidad y autodesprecio. Esta distinción, aunque clínicamente útil, revela la fragilidad de las categorías diagnósticas. La atención multimodal —psicoterapia, grupos de duelo, reimplicación social y uso sensato de los antidepresivos— puede restaurar el apetito, la actividad y la conexión relacional cuando el duelo se vuelve incapacitante o clínicamente indistinguible de la depresión. El artículo también introduce una dimensión cultural: no todo duelo intenso es patológico, y su expresión varía según contextos sociales, religiosos y personales. Las clasificaciones modernas intentan reconocer esta variabilidad, pero siguen operando bajo criterios estandarizados que pueden simplificar experiencias complejas. En última instancia, el texto advierte sobre el riesgo de patologizar el sufrimiento humano. Convertir el duelo en diagnóstico puede facilitar el acceso a tratamiento, pero también puede reducir la riqueza de una experiencia profundamente humana a un conjunto de síntomas. Así, la pregunta “¿cuán triste es demasiado triste?” queda abierta, no como un problema puramente médico, sino como un dilema ético y cultural sobre los límites de la psiquiatría.